Jesús se
ponía en camino, cuando uno corrió a su encuentro y, arrodillándose ante él, le
preguntó: «Maestro bueno, ¿qué he de
hacer para tener en herencia vida eterna?» Jesús le dijo: «¿Por qué me llamas
bueno? Nadie es bueno sino sólo Dios. Ya sabes los mandamientos: No mates, no
cometas adulterio, no robes, no levantes falso testimonio, no seas injusto,
honra a tu padre y a tu madre». Él entonces le dijo: «Maestro, todo eso lo he
guardado desde mi juventud». Jesús, fijando en él su mirada, le amó y le dijo:
«Una cosa te falta: anda, cuanto tienes véndelo y dáselo a los pobres y tendrás
un tesoro en el cielo; luego, ven y sígueme» (Mc 10,17-22).
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