Esto no es sólo para las religiosas jóvenes. En
esto no podemos ni debemos “jubilarnos”
pues, por Gracia, todos podemos llegar a ser
esos modelos diferenciales que escuchen a
las jóvenes, les acompañen, les provoquen interrogantes,
susciten búsquedas y sean
apoyo, ternura, palabra sincera...en definitiva,
sean presencia viva del Dios que les ama
incondicionalmente”.


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